Sobre educar, aprender, amaestrar…

por | 15 enero, 2016

educar o aprender Red-Acción 2016La palabra “educación”, entendida como método, está sobrevalorada. La educación en sí no tiene sentido separada de su objetivo, que no es otro que el aprendizaje. Si la educación no lo logra, porque se revela como un método inapropiado, entonces, no hablemos de educación: hablemos de encontrar las formas más efectivas de favorecer el aprendizaje.

No obstante, por regla general, el escaparate en el que se presentan las opciones disponibles viene prefabricado, estandarizado y limitado (sistema educativo homologado). Por mucho que cambien la apariencia del plato, los ingredientes generalmente son los mismos. Y, si cambian algún ingrediente, no cambian, en ningún caso, la esencia de la dieta. Los contenidos están determinados por un concepto de “utilidad” subjetivo e interesado y hay que transmitirlos sí o sí, muchas veces disociados de la realidad. Cuando l@s niñ@s no comprenden para qué les sirve lo que estudian y, además, todo les parece aburrido, el resultado es la castración de su interés natural por el aprendizaje (que identifican con algo tedioso) y de su creatividad.

L@s alumn@s deberían ir con ganas al colegio, no como lugar de relación social, sino como centro de aprendizaje. Pero much@s adult@s tampoco van contentos al trabajo ¿no? En definitiva, l@s estamos acostumbrando muy bien desde pequeñ@s.

Ambas categorías, escuela y trabajo, están configuradas bajo un principio idéntico: el ser humano es perezoso por naturaleza, con lo que hay que combatir dicha pereza con estímulos externos, controlados mediante sistemas de premio y castigo. No obstante, si esta premisa no fuera cierta, que no lo es, habría que plantearse simplemente por qué el estudio o el trabajo no resultan tareas gratificantes. Algo no se está haciendo bien.

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