A Comuna de Monte Alto, semilla de la autogestión

por | 25 febrero, 2016
Red-Acción La comuna Monte Alto 2016 1

A Comuna se encuentra en el número 35 de la calle Vereda del Polvorín.

En cualquier barrio de cualquier ciudad, l@s vecin@s pueden organizarse para participar de forma más activa en la gestión de múltiples aspectos que afectan a sus vidas. Actualmente, sobre todo en las grandes urbes, predomina la atomización, los pequeños grupúsculos familiares encerrados en sus casas: cada un@ mirando por lo suyo y tratando de proteger sus intereses individuales.

Es cierto que ya existen algunas iniciativas gestionadas desde las instituciones para dinamizar la vida de los barrios. Pero estas siempre van a depender, principalmente, del partido de turno que esté en el poder. Y no siempre está garantizado que sean realmente lo que la gente quiere o necesita.

¿Y si l@s propi@s vecin@s de una misma zona decidiesen organizarse para mejorar la vida del conjunto y la de cada un@ en particular como colectivos autogestionados?  Todo es ponerse, y el primer paso puede surgir de la idea más peregrina. Todo es importante. No solo hay que pensar en producir y en ser rentables. Es fundamental disfrutar y tratar de ser felices. Así, por ejemplo, tal vez tod@s l@s vecin@s de un barrio van a clases de inglés porque el Ayuntamiento les ha puesto una profesora maravillosa en el Centro Cívico, pero su auténtica pasión es la calceta. ¿Por qué, entonces, no formar un club de calceta gestionado por ell@s mism@s? Aunque este es un ejemplo muy básico, los proyectos pueden ser de lo más variopinto, en función de los fines que se persigan. Lo importante es que la cooperación, desde la autogestión, puede ser una buena propuesta para mejorar la vida de la gente: tal vez haya quien necesite a alguien que le cuide l@s niñ@s el fin de semana, porque trabaja, pero le da apuro abusar de una vecina con la que apenas tiene confianza y a la que no quiere “molestar”. Quizá alguna vecina tenga ropa de sobras y a otra le falte, pero no tienen relación entre ellas. Tal vez muchos deseen dar y recibir algo más de afecto de manera desinteresada. Quizá otros necesiten ayuda material… Tal vez much@s se estén volviendo loc@s porque, simplemente, no comprenden cómo hemos llegado a esta sensación de soledad entre tanta gente, a tener miedo de tus iguales y competir con ell@s en lugar de colaborar, a solapar nuestras insatisfacciones consumiendo todo tipo de productos prefabricados (desde la ropa de moda, hasta los programas de televisión, pasando por numerosas alternativas de ocio) que, a la larga, son parches al vacío que produce la desunión.

Esto se produce porque estamos demasiado acostumbrad@s a que nos den las cosas hechas, y las personas somos animales de costumbres. Habrá quien sea cómod@ o le gusten las cosas tal y como están y prefiera que todo siga así, pero otr@s quizá encuentren atractiva la idea de ir liberándose de ciertas imposiciones para buscar formas de relaciones humanas más plenas. Esto empieza a conseguirse dando pequeños pasos. Aunque lo que a un@ se le ocurra pueda no parecer un proyecto de gran trascendencia, cualquier pequeño avance es importante.

Esto lo tienen muy claro, por ejemplo, l@s promotor@s del Centro Social A Comuna, en el barrio de Monte Alto (A Coruña). El nombre, lejos de ser escogido al azar, refleja muy bien su objetivo y su filosofía: crear comunidad, construir un espíritu crítico y fomentar la búsqueda conjunta de otras formas de vida.

Cómo funciona

La iniciativa partió de un grupo de gente con cierta trayectoria en el activismo. Se reunieron, alquilaron un local en el que anteriormente se ubicaba un bar, lo habilitaron y lo inauguraron a principios de septiembre de 2015. La idea era hacer de A Comuna un espacio de activación social, sin olvidar la vertiente lúdica; que la gente que acudiera se sintiera cómoda, que disfrutase y que participase en la configuración de su funcionamiento; que supiesen que allí pueden aprender cosas sobre temas de interés que pueden afectar directamente a sus vidas y que, unidos por objetivos comunes, pueden buscar formas diferentes de organización y colaboración. Quieren, ante todo, que se lleguen a comprender los valores que hay detrás de su proyecto: el poder de la movilización y la posibilidad real de empezar a construir nuevos modelos desde abajo.

Lo más complicado a la hora de ponerlo en marcha y hacerlo funcionar es, probablemente, el tema financiero: la preocupación por poder pagar el alquiler y los gastos cada mes. Pero, hasta el momento, lo están salvando. Se sostienen gracias a las cuotas anuales de l@s soci@s (ya tienen cerca de ochenta) y a lo que consiguen en la barra del bar. Como figura legal, han optado por constituirse como asociación.

Actividades

En A Comuna se puede organizar todo lo que un@ quiera y permitan las condiciones del local (siempre, por supuesto, dentro de los fines perseguidos): desde el debate más sesudo sobre cualquier tema social, hasta la fiesta más divertida, pasando por prestar ayudar a quien lo necesite (apoyo en deshaucios, cobertura de necesidades básicas, etc.).

Todos los meses elaboran un programa de proyecciones o charlas sobre temas diferentes, en los que tod@s los asistentes tienen la oportunidad de intercambiar impresiones con el resto. Y el último domingo de cada mes, organizan una comida popular para fomentar la convivencia (la gente se conoce, comparte sus intereses…), siempre con opción vegana y con un precio libre (cada cual, según pueda o considere). También ofrecen clases de distintas materias (yoga, pandereta, francés…). L@s posibles profesor@s proponen y, si su proyecto sale adelante, l@s interesad@s en asistir a sus clases pueden hacerlo por un precio realmente asequible.

Una de las propuestas más interesantes de este centro social es el armario comunal, en el que la gente puede depositar aquello que ya no utiliza y coger libremente lo que necesita. En la línea del decrecimiento, bajo este armario subyace la idea de romper con el consumo unidireccional. No sólo hay que aprender a poner a disposición de l@s demás cosas que ya no se usan, sino que hay que aprender que no hay nada de malo en servirse de materiales de segunda mano (más bien, es al contrario). Aunque en muchos otros países esto es una práctica habitual, en el Estado español parece que cuesta un poco más inclinarse por ello. No obstante, este es el verdadero reciclaje; y un@ se da cuenta de su importancia si se pone a pensar en las consecuencias a todos los niveles del consumo desmedido cuando, en realidad, en muchos casos, no es una opción realmente necesaria. Por otro lado, también es, de algún modo, un pequeño guiño a la autogestión, porque demuestra que, en cierta medida, un@ se puede surtir de lo necesario sin salir de un círculo controlado por quienes participan en el mismo. Finalmente, el hecho de que no haya dinero de por medio conduce directamente a un compromiso con el principio de equidad, según el cual, cada un@ da según tiene y coge según necesita.

Participación

L@s soci@s participan, junto con los organizador@s, en asambleas periódicas en las que se debate todo lo necesario respecto a la organización y la programación de A Comuna. Pero también se trata de escuchar a quien se acerque por ahí y quiera hacer una propuesta. Al fin y al cabo, el objetivo es servir a los intereses de tod@s los que participan en él de una u otra forma, ya sea como soci@s, como vecin@s o como asistentes habituales. Les interesa mucho la opinión de la gente, porque es un centro para la gente.

De momento, aunque l@s participantes siguen siendo mayoritariamente personas que ya están más o menos comprometidas socialmente (sobre todo en determinados debates), cuenta con la simpatía de quienes viven en la zona. Cada vez hay más vecin@s que visitan el armario comunal o que se suman, sobre todo, a las charlas de contenido histórico. Sus actividades son difundidas por la prensa local y son anunciadas puntualmente en su muro de Facebook.

Esta experiencia, hasta ahora gratificante para tod@s los involucrado@s, es perfectamente extrapolable a otros barrios de A Coruña o de cualquier otra ciudad o pueblo. Solo hace falta que un grupo de gente que disponga de algo de tiempo, que tenga cierta capacidad de compromiso y que se lleven bien entre ellos decidan poner en marcha cualquier proyecto que pueda mejorar las condiciones de vida del lugar en el que viven, cada uno según su idiosincrasia, empezando así, poco a poco, a crear espacios de convivencia más humanizados.

Deja un comentario