Las elecciones que traerán el esperado cambio

por | 5 marzo, 2016

Las elecciones que traerán el cambio Red-Acción 2016Llegaron las elecciones. La gente pedía a gritos que mejorasen las cosas. Much@s se preguntaban cuál sería el partido del cambio, el que se centraría, por fin, en el bienestar de las personas. Pensaron sobre ello… pensaron más sobre ello… escogieron una papeleta y la metieron en la urna. Misión cumplida.

Vamos a reflexionar un poco más sobre lo que significa realmente todo esto.

L@s que votan:

  1. La mayoría de l@s votantes no analizan los programas electorales. Much@s, ni siquiera los leen.
  2. Pongamos que algun@s los lean. Otro tanto de est@s no pueden certificar la viabilidad de las propuestas, porque no es fácil entender de tantas materias como abarcan al mismo tiempo.
  3. Supongamos ahora que un tanto por ciento de l@s votantes sí saben que los programas que han leído son factibles. Ahora queda que l@s polític@s realmente los cumplan.

Como conclusión, podríamos decir que no se vota con el suficiente criterio. Muchos de los votos son una apuesta al que “creo que será el menos malo”, o incluso al que “creo que será el menos malo, pero no estoy muy segur@”. Madre mía.

L@s que son votad@s:

Aparte de los programas electorales, quienes se presentan a unos comicios tienen algunas oportunidades para mostrar a la gente qué tipo de personas son y cuáles son sus intenciones. Desde hace ya muchos años, con la llamada “americanización de la política” y la aplicación del márketing a la misma, las técnicas para vender una lavadora son las mismas que se usan para vender a l@s candidat@s a gobernarnos.

Además de pasar un día con Ana Rosa Quintana, con Calleja o en el Hormiguero, donde vemos que son gente entrañable que se toma cañas como l@s demás y que cagan y mean como todo el mundo, la televisión les da la oportunidad de participar en una serie de debates. L@s espectadores deciden dejarlo todo para verles y qué se encuentran: algo similar al Festival de Eurovisión, con discursos vacíos como una estúpida canción (yo soy más guap@ que tú y tú lo haces todo mal) y con un@s presentadores dicharacher@s que animan el evento hacia el objetivo final: ¿Quién ha ganado el debate?

¿Están de broma? No. Son así. Les importa ganar o perder a ell@s, como si su trabajo fuera un fin en sí mismo, cuando l@s que deben ganar son siempre l@s ciudadan@s. Pero la gente contempla y aplaude. O se indigna. Pero la indignación tampoco ha de ser un fín en sí misma, porque entonces carece de todo sentido de utilidad.

Conclusión:

Así es nuestra participación en la política: nos venden polític@s-lavadora que pagamos con un voto más o menos acertado. Y las elecciones son prácticamente el único recurso del que nos dota el Estado para participar en su organización. Y esa participación no es la que nos corresponde, como ell@s dicen, sino la que nos “permiten”. Y esto cada cuatro años. Glorioso. Y yo me pregunto: ¿por qué, entonces, seguimos pensando que esa es la vía del cambio? Estamos en la inopia ¿o qué?

Hemos sido muy mal educad@s desde el momento mismo en que nacimos. Y nuestr@s hij@s están pasando por lo mismo. Todo está estandarizado. Las vías están trazadas desde el principio y las seguimos guiad@s por lob@s disfrazados de pastores. Todos desfilamos a la par simulando una satisfacción natural y somos nosotr@s mism@s quienes perpetuamos el sistema: actuamos como nuestra propia policía, vigilando que nadie se salga del redil. Pobre de quien lo haga, porque se le señala con el dedo acusador: está loc@ o es peligros@.

Somos engranajes de un sistema social basado en la competitividad y las desigualdades, cuyo motor principal, el crecimiento económico ilimitado y la rentabilidad, nunca será compatible con la gestión sostenible de los recursos (que son un bien común fundamental) y con el bienestar general. Y la clase política y los intereses económicos ya forman una maraña cada vez más difícil de desentrañar en un mundo en proceso creciente de globalización.

Cuando los fines que persigue un sistema socioeconómico no coinciden, incluso merman, aquellos orientados a la felicidad de sus miembros, sus dirigentes no van a echar piedras sobre su propio tejado. Aunque algun@s mostrasen buenas intenciones, su margen de maniobra, según lo visto hasta ahora, es muy reducidito (caso de Grecia). Entonces, si un Gobierno no busca el bienestar de sus integrantes ¿habrán de buscarlo por ell@s mism@s?

Para propiciar un entorno mejor para tod@s no hay que centrarse en los comicios. Eso es echar balones fuera, porque todo el sistema ya está demasiado complicado. Confiamos ciegamente en que l@s polític@s van a hacer las cosas bien, en que saben cómo hacerlas. Incluso aceptamos que nuestra forma de actuar, en general, es la más apropiada, cuando, en muchas cosas, deberíamos empezar a ir superando unos paradigmas que se han quedado más que estancados, resultando, incluso, perjudiciales. Eso no es progreso.

¿Nos hemos preguntado por qué hacemos cada una de las cosas que enfrentamos cada día? ¿Si realmente queremos hacerlas? ¿Qué consecuencias tienen? Todas y cada una de ellas, desde el momento mismo en el que escuchamos el despertador por la mañana.

Para generar el cambio no hay que esperar a las elecciones, ni a nadie, ni nada. Puede hacerse desde ahora mismo, si tod@s decidimos ponerlo en marcha de manera conjunta. Las elecciones para el cambio serán, ni más ni menos, que elecciones personales aplicadas a cada acción cotidiana.

Un@ puede empezar por levantarse cada día con una sonrisa, preguntándose, cuando asoma la mala leche, cuál es el motivo que la provoca. Y puede seguir tratando de analizar el grado de satisfacción que le producen sus relaciones con l@s demás (pareja, hij@s, vecin@s, compañer@s de trabajo, conocid@s, desconocid@s, bancos, médicos, psicólog@s…) y planteándose si podrían ser de otra manera que fuera más beneficiosa para tod@s. Sin poner límites a la imaginación. Se puede empezar por ayudar a l@s demás siempre que tengamos ocasión y aprender a pedir ayuda, dejar de pitar como loc@s en el coche si no es algo vital, no arriesgar la salud por unas prisas que solo benefician a otr@s, alzar la voz cuando algo se considera injusto, tratar de cooperar en lugar de competir… Ya un paso más allá sería dejar de emplear nuestro tiempo en tareas como vender móviles caros a ancian@s que no saben cómo utilizarlos, sacar a otras personas de sus casas y dejarlas en la calle y cosas así. Pero todo llegará.

En definitiva, hay que empezar por el cambio personal, tomando conciencia de nuestras elecciones diarias y fomentando unas relaciones más humanas. Hay que quitarse la venda de los ojos y discernir quiénes son l@s “enemig@s”. Hay que enfrentar los miedos, ser conscientes de dónde está la fuerza y aprender a utilizarla.

¿Y si nos vamos atreviendo con pequeños pasos hacia la autogestión?

¡Salud y revolución integral! El cambio somos nosotr@s.

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