Sobre Economía y gestión de la abundancia

por | 31 marzo, 2016

sobre economía y gestión de la abundancia 2La Economía es cuantificación y pasa por ciencia omniexplicativa; también, y sobre todo, en cuestiones antropológicas, ya que su aspecto central es el comercio, y comerciar es un acto exclusivamente humano. Se aplica en todos los ámbitos de la existencia, y dado que la misma Naturaleza puede contabilizarse, esta pasa a ser un recurso, carne de cañón, para la Economía. En las conferencias, tertulias, clases y debates económicos se exponen datos, se analizan variables y se intentan interpretar resultados, para ofrecer explicaciones sesgadas del asunto en cuestión al que se quiera aplicar la jerga económica.

No me fío de los economistas. Me parece que la Economía es uno de los males que persiguen al hombre moderno. ¿Cuántos economistas habría en una aldea del siglo XIX, en la Galicia rural? ¿Y cómo funcionaba su economía? Perfectamente bien. La gente tenía comida saludable, ecológica, totalmente sostenible, en abundancia. Se realizaban tareas artesanales, vendían y compraban y se hacían todo tipo de intercambios. A mi juicio, la diferencia determinante con el panorama actual es que había seres humanos de mayor calidad. Además de que la gente sabía hacer muchas cosas diferentes (desde arquitectura hasta hidrología, gracias a los conocimientos transmitidos de manera ancestral, fruto de la experiencia), las personas tomaban más decisiones dentro de su comunidad. Estos dos factores favorecían que hubiera comunidades, en la práctica, libres, con unos conocimientos y habilidades de convivencia y supervivencia que hoy en día cuesta encontrar.

¿Cuántos economistas hay en el siglo XXI? ¿Un millón de ellos? No hay ni uno, de entre toda esa ingente cantidad de ilustres pensadores, de cabezas lúcidas con larguísimas horas de dedicación, que pueda dar una respuesta, ya no a la crisis, ya no al desplome de la economía real monopolizada por empresas dependientes del Estado, ya no al esclavismo de la apocalíptica revolución industrial del Tercer Mundo; sino a algo que nos afecta mucho más como humanos que somos: las repercusiones de la economía sobre las personas desde un punto de vista antropológico. No hay, ni en la Historia hubo nunca, un economista que admitiera que la condición del ser humano medio actual es tan mediocre (rebajado a consumidor, a trabajador asalariado o empresario arconte; que parece bastarse con nutrirse y entretenerse, que es una especie de máquina especializada en un saber o función, incapaz de socializar más allá del interés particular) es una consecuencia directa de la economización de la sociedad.

Quizá alguno de los economistas se habrá dado cuenta que la Economía solo es una consecuencia de los tratos entre humanos, simple y llanamente. El discurso economicista, no obstante, lo ha invadido todo, seguramente gracias al materialismo marxista o a esa cartesiana manía de cuantificarlo todo, introducida en los círculos de la filosofía gracias, sobre todo, a los filósofos ingleses utilitaristas, al campante pragmatismo que daba por bueno lo útil. Y lo útil, en Economía, es lo rentable a corto plazo; y lo económico se posicionó en el altar de lo antropológico, desbancando todo lo que le hiciera la más mínima sombra.

La Economía ha pasado a ser el principio axiológico que lo rige todo. Es el código de valores con el que medimos cualquier elemento cognoscible, a través del cual nos comunicamos entre nosotros y con el poder. Hoy en día, todo país, toda región, toda partícula del planeta se mide en términos económicos; incluso las propias personas se ven a sí mismas desde un punto de vista económico. Hemos creado una sociedad de la Economía, sin darnos cuenta de que es económicamente ineficiente. ¿Alguien puede asegurar que es más eficiente, desde un punto de vista económico, traer tomates de Turquía que producirlos localmente? Con la bandera de la Economía como explicación totalizante de lo humano y lo social, se ha generado una sociedad hipereconomizada, que vive para y por una economía nada eficiente que le ha quitado el puesto a la propia Naturaleza, sustituyéndola por una debacle anunciada, una degradación en metástasis que está afectando no solo a las personas, sino también, y mucho, al entorno. Algo de locos.

sobre economía y gestión de la abundancia 1

Hoy he visto uno de los muchos discursos de un político economista hablando sobre Economía. Si de algo me fío menos que de los economistas a secas, es de los economistas que se internan en el terreno de la política. Aquí ya entramos en la parábola de la zorra en el corral. La inutilidad de un economista aumenta exponencialmente cuando trata de intervenir en la organización social, porque todo su pensamiento está basado en teorías, y las teorías económicas son las de peor cuño.

Entra el embaucador de serpientes en la sala. El 65% del público son jubilados. Comienzan las explicaciones a la baja, las simplificaciones trilladas: los asistentes escuchan lo que quieren oír. Cuando eso no sucede, el que tiene la palabra se crece y viene con las soluciones de oro, una cadena de oro que ata y oprime; que, a la larga, flagela las espaldas de los hijos de los que aplaudieron.

¿Nacionalizar la banca? ¿Hay alguna diferencia real entre el nacionalizar la banca y que no sea nacional? ¿Acaso no es ya, de hecho, estatal? ¿No se ha financiado con dinero público? ¿No está dirigida por tecnócratas y burócratas, muchos de ellos relacionados directamente con estructuras estatales? ¿No es la banca, de hecho, quien muchas veces escoge a dedo a extrabajadores de su propio sector para que sean gobernantes de países desarrollados? Igualmente, la banca no es lo más relevante del capitalismo: lo esencial del capitalismo la supera y supera lo económico. Es una cuestión moral, ética, que afecta al ser humano, a todos los seres humanos; es una conducta, un comportamiento, un problema ontológico. Y si no alejamos el zoom de la cámara hasta esos objetivos, nunca llegaremos a ver la solución, si la hubiera, factible.

El capitalismo es algo que ahora llamamos así, pero que anteriormente llamarían de otra manera, y que acompaña a nuestra especie desde que nace. No hay ley que no sepa esquivar, así que es inútil legislar al respecto. Se basa en el interés particular del individuo y en su competitividad. Eso, en un conjunto  armónico moral es algo incluso positivo, lo razonable es el equilibrio; pero al primar esos valores, se produce un desequilibrio cuando el entorno social convive hasta límites insostenibles con escalas de valores similares, hasta el punto de que llega a desintegrar comunidades, como sucede ahora.

Ese es el punto en el que nos encontramos en la actualidad, y se debe principalmente a que es la mejor forma de minar los nexos sociales, dejando a la persona total o parcialmente aislada y, por tanto, más proclive a la sumisión al poder establecido. Aquí es donde entra el sistema de dominio, que es el objetivo final: las instituciones se ofrecen como garantes de justicia o seguridad y se dotan de cuerpos de represión. Las instituciones ejercen de nexo de unión entre los sujetos desintegrados socialmente y unas legislaciones que ellas controlan a placer y que ofrecen como código de convivencia.

sobre economía y gestión de la abundanciaNo es de extrañar que la época actual, que es el momento de mayor expansión global de las estructuras estatales de toda la historia de la humanidad, sea la era dorada del capitalismo. El capitalismo necesita del Estado como una planta necesita tierra para crecer, y aquella se alimenta básicamente de los insumos que nosotros le suministramos. Como toda planta, necesita unas determinadas condiciones de acidez del suelo, PH, minerales u horas de sol. La planta que crece en el terreno del Estado necesita personas grises, victimistas, ruines…, personas, en definitiva, que ayuden a perpetuar el capitalismo. El Estado, por tanto, como desea cultivar esa planta, ya que le proporciona los medios para medrar como institución, mantiene a los individuos en las condiciones óptimas necesarias, mediante propaganda, adoctrinamiento, gestión del pensamiento único y otros mecanismos.

Es de por sí indignante pensar que esto sea así sin creer siquiera que el Estado o poder establecido pudiera ser bondadoso. Se podría entender que el Estado no tiene porqué ser necesariamente malo, o que de él puede crecer otro tipo de planta que no sea la del capitalismo. La cruda realidad, por experiencia histórica y no por teorías económicas, es que el Estado siempre ha sido un elemento hostil al pueblo: de él se ha beneficiado y gracias a él sobrevive como un parasito. Ha sido, de hecho, quien ha potenciado, cuando ha podido, la llama del capitalismo en las personas, para dinamitar la autonomía de estas y fortalecer su propio poder. El Estado es quien crea las industrias con una finalidad militar. El Estado es quien potencia el mercado como fuente de ingresos y gestión eficiente de los recursos humanos y materiales de los cuales es soberano; la mejor manera de gestionar un Estado es mediante el capitalismo.

El Estado se ha renovado, ha evolucionado y se ha ido adaptando a los tiempos, y ya desde hace bastante, algunos dicen que desde la II Guerra Mundial, se ha convertido en un poder mundial, con unas capacidades técnicas de control y dominio tan absolutamente poderosas que abruma solo pensarlo. Por eso, toda solución donde el Estado tome presencia es un continuismo, ya que ni siquiera se plantea que el capitalismo, más allá de ser una realidad económica, es una realidad humana potenciada en primera y última instancia por dicha institución.

sobre economía y gestión de la abundancia 3La Economía es la ciencia de la escasez. Solo se sostiene con la escasez. Un ejemplo son los futuribles mercados de reservas de agua dulce o los estudios de mercado sobre el aire puro, que a día de hoy no son, por fortuna, económicamente viables, solo porque todavía no son bienes escasos. Por lo tanto, la Economía es solo válida en términos de escasez. Y como necesita la escasez para sobrevivir, la potencia. No se puede vender un vaso de agua de mar en la orilla de la playa, ya que la inmensa cantidad del recurso sujeto a economía es tal que no tiene sentido su venta. La abundancia es lo opuesto a la escasez y, por tanto, a la Economía. La Naturaleza, los procesos biológicos, generan por defecto abundancia, no en progresión aritmética como decía Thomas Malthus, sino exponencial. Entender la Naturaleza es entender un ciclo de crecimiento eficiente exhaustivo: los fenómenos biológicos evolucionan en el tiempo de manera tal que tienden a la abundancia.

El funcionamiento de todo en el mundo natural es asombrosamente perfecto, eficaz, por lo que lo más probable es que, para acabar con la escasez de una manera eficiente y rápida, lo mejor sea crear una sociedad donde lo natural sea por necesidad el asunto central, que basemos toda acción y modificación del medio social en la concordancia con el medio natural. Los estudios de las cabezas pensantes de la humanidad deberían ir dirigidos hacia la gestión de la abundancia, para que tratemos de imitar o favorecer los procesos naturales siempre con la finalidad última, tristemente productivista, de lograr la abundancia. La motivación principal será evitar que exista la escasez, y por tanto, lograr que la Economía se minimice.

La Economía, o gestión de la escasez, es inevitable con aquellos bienes de naturaleza, valga la redundancia, escasa. La cuestión es que lo escaso no tiene por qué ser lo básico, lo fundamental, ni siquiera lo necesario para subsistir en el planeta como seres humanos. Debe ser el bien anecdótico. Los objetos tecnológicos, por ejemplo. Los metales, compuestos químicos, materiales raros, herramientas… Lo economizable debe ser lo mínimo, ya que siempre estará sujeto a la escasez. Hemos de hallar soluciones donde lo economizable sea prescindible, con procesos de intercambio amercantilistas: propiedad compartida, uso común, préstamos…, para conseguir que lo inevitablemente economizable sea disfrutado de la manera más justa y acorde con el entorno. Es decir, una Economía que sea consecuencia de una sociedad saludable en lo relacional: siempre consecuencia y nunca finalidad última.

La economización de la sociedad ha privado a la humanidad de avances tecnológicos. No es cierto que el capitalismo tenga como consecuencia una sociedad más técnica o más eficiente. Como nos muestra la experiencia, en realidad, pasa todo lo contrario: en numerosas ocasiones, ha sido causa del bloqueo de dichos avances. Podríamos hablar de multitud de casos. Podríamos, por ejemplo, hablar de Tesla, una de las mentes más brillantes de la Historia, que fue totalmente censurado por motivos económicos. No es cierto que la Economía haya propiciado el progreso tecnológico. El progreso tecnológico lo ha propiciado el ingenio humano, con su capacidad creativa e inventiva. Pero estas cualidades humanas son dirigidas hacia cauces que favorezcan al status quo que se adueña de las ideas y las explota según sus propios intereses. Esta inventiva humana, en un principio saludable, es utilizada principalmente para el arte de la guerra y, sobre todo, para moldear al ente poblacional con las herramientas del adoctrinamiento audiovisual. Todo artilugio o técnica que comprometa el status quo es estrictamente censurado. Por tanto, no toda la tecnología de la que hoy en día disponemos es la que el ingenio humano ha ofrecido a su especie; los ingenios que propician la abundancia, por la simple liberación que esta causa, son directamente censurados.

Y he aquí el problema: ya que la Economía, como conclusión, es una forma de dominación, la escasez de recursos y el dominio de los mismos es probablemente la forma más evidente de control, la forma más palpable de poder que pueda haber, y por lo tanto, es algo causado para tal efecto. La escasez y su consecuencia, la Economía, es indeseable cuando es provocada o inducida para obedecer a la voluntad de poder de uno o de muchos y es, sin duda alguna, la causa última de todos los males de la humanidad.

Deja un comentario